La metáfora de Joe Tafur
El médico estadounidense Joe Tafur ha encontrado una manera de traducir el lenguaje chamánico al científico: los malos espíritus podrían ser perturbaciones en el sistema límbico; las energías negativas acumuladas, una carga alostática; la sanación espiritual, exitosa para problemas emocionales y enfermedades auto inmunes. Ésa es su experiencia al frente del Centro Espiritual Nihue Rao, que fundó junto a la artista canadiense Cvita Mamic y al maestro shipibo Ricardo Amaringo.

Joe Tafur, en su casa de dieta en Nihue Rao, albergue ayahuasquero que fundó junto con el chamán shipibo Ricardo Amaringo y la artista Cvita Mamic.
Texto y fotos por Carlos Suárez Álvarez
Publicado originalmente en el número 196 de la revista Cáñamo, abril de 2014.
El motocarro te recoge en el aeropuerto y te saca del caos de Iquitos por la carretera de Nauta. A los pocos kilómetros emboca una pista de tierra, que se estrecha y empeora a medida que avanza en medio de una selva castigada por la voracidad humana. Después del pequeño pueblo de Llanchama, a orillas del río Nanay, el motocarro se sumerge por primera vez en la espesura y unos metros más adelante un guardián levanta una barrera: se abre ante ti Nihue Rao.
Echas pie al suelo cerca de dos grandes casas de madera, el comedor y la recepción, de donde sale Joe Tafur a recibirte. Te mira a los ojos, tratando de averiguar quién eres, qué te pasa. Su mirada franca no te intimida, al contrario, te sientes bienvenido, te agradece la visita, estrecha tu mano calurosamente. Te invita a que descanses en tu cabaña, está ocupado con algún asunto administrativo, más tarde hablaréis.
Cuando el sol declina Joe te da un paseo por el centro, levantado en un desmonte arenoso, rodeado por densa vegetación. “El retiro en el bosque permite reconectar con la naturaleza, tranquilizarse y reflexionar, para afrontar lo que haya que afrontar”, explica mientras os adentráis en una zona boscosa hasta una de las sencillas casitas en la que pacientes y aprendices procuran aislamiento.
Sientes curiosidad y preguntas. Quieres saber cómo un médico de los Estados Unidos se dedica a la sanación espiritual en la selva amazónica. Estudió medicina en una prestigiosa escuela, donde se sentía “desconectado y aislado” porque “la gente que entraba tenía menos interés en la curación que en el estatus”. Durante el segundo año entró en depresión. Su padre, psiquiatra, le recomendó antidepresivos. Los utilizó durante seis semanas, le ayudaron a “salir de su cabeza”, pero no repitió. La experiencia, sin embargo, avivó su curiosidad por los psiquedélicos, a los que el desarrollo de los antidepresivos estuvo muy vinculado. De esa forma su curiosidad le condujo hasta el peyote, que probó en un contexto ritual de sanación. “Me curó dramáticamente. Fue un cambio enorme en mi vida”.
En 2007, concluidos sus estudios, viajó a Iquitos y tomó ayahuasca con el maestro shipibo Guillermo Arévalo. “Me involucré profundamente con el proceso y con los chamanes, y pensé que esto sería parte de mi vida”. Regresó un par de veces por su cuenta hasta que el maestro le animó a que trajera grupos. Joe tenía razones para aceptar: por un lado la medicina era su profesión, por otro sentía necesidad de estrechar lazos con Suramérica, dado que sus padres habían nacido en Colombia. “Traje un grupo de diez personas y a todos les cambió la vida. Fue un éxito. La experiencia más sanadora de la que he tomado parte como médico”. A finales de 2010, se unió a la artista canadiense Cvita Mamic, y al maestro shipibo Ricardo Amaringo, para poner en marcha Nihue Rao, un centro dedicado a la curación espiritual y a la formación de médicos vegetalistas.

El maestro shipibo Ricardo Amaringo, uno de los tres socios fundadores de Nihue Rao, poco antes de dar comienzo a una ceremonia.
amargo remedio
Conversando llegáis a la casa de la medicina, donde tomas el primer remedio vegetal de tu vida. Nunca olvidarás el desagradable sabor a vinagre. Enseguida las náuseas anuncian la vomitona. Quedas vacío y débil. Joe te consuela: la limpieza del estómago es fundamental para el tratamiento porque la ayahuasca y las otras plantas que te van a dar serán más efectivas de esa manera.
En la gran maloca ceremonial aguardan Cvita y Ricardo. Les explicas la razón que te ha traído a Nihue Rao, y deciden tu tratamiento. Tu alimentación va a quedar restringida: ni sal, ni azúcar, ni grasas; apenas arroz blanco, pescado o pollo asado, algunos tubérculos, verduras. Todas las tardes tomarás un preparado a base de ojé, planta maestra distinguida por sus propiedades eméticas; tienes mucho que limpiar. El maestro Amaringo considera que para realizar una limpieza completa es necesario un mes, pero tú sólo tienes una semana, y señalas que cien dólares al día es un precio excesivo. La conversación gira entonces hacia el dinero. Joe explica, resignado, que algunas personas les critican por cobrar. Argumentan que la planta es sagrada y su comercialización un pecado, pero Joe lo ve de otra forma. “Aquí proporcionamos un lugar para dormir, baños limpios, duchas, para que la gente pueda estar cómoda. Tenemos un equipo de dieciocho personas, le damos trabajo a mucha gente del pueblo. Yo soy médico en Estados Unidos y cobro por mi trabajo. Esto que hacemos en Nihue Rao es un servicio de salud. ¿Por qué la gente no le dice eso al cirujano o al psiquiatra? Aquí los pacientes quedan muy agradecidos. Piensan que su dinero ha sido bien gastado. Cuántos miles de dólares no gastan en terapia, médicos, medicinas… Aquí pasan dos semanas, y las cosas van desde entonces mucho mejor en sus vidas”.

Uno de los pacientes de Nihue Rao, tomando un remedio vegetal en la “casa de la medicina”.
vecinos agradecidos
Para los vecinos de Llanchama Nihue Rao es una bendición. Cocineras, lavanderas, carpinteros, transportistas… Nuevas fuentes de ingresos donde antes sólo había explotación ilegal del bosque. El centro está abierto a los vecinos: no se les cobra por la atención médica; los domingos juegan en la cancha de fútbol; los niños utilizan la maloca artística, que Cvita te muestra. “Hay veces que tenemos hasta veinte niños aquí, pintando. Tratamos de integrar a la comunidad”, explica mientras ayuda a un par de niñas a seleccionar colores. Cvita cree que existe una estrecha relación entre salud emocional, expresión artística y niñez, y por eso apostó por un espacio para el arte en Nihue Rao. En su infancia vivió un episodio traumático, que arrinconó en algún lugar del subconsciente. Creció con la sensación de que algo iba mal, pero no supo qué era hasta que en una toma lo recordó. La pintura constituyó una manera de canalizar las emociones reprimidas, de sacarlas al exterior para enfrentarlas. “En la infancia se encuentra la base de la emoción; desde los cero a los siete años estás yendo a través de todas las emociones que te van a convertir en adulto. Y los niños, cuando están en esa edad, ¿qué hacen? Colorean. Hay mucho de la experiencia con la medicina que no se puede explicar en palabras, porque está basado en emociones, sentimientos”.
Cvita y Joe llegaron a la ayahuasca buscando curación pero continuaron por la senda del aprendizaje. Enfermos y aprendices alcanzan sus objetivos mediante la dieta: restricciones alimenticias, abstinencia sexual, aislamiento y la ingesta cotidiana de una planta maestra. “Al final el espíritu de esa planta viene en la visión de ayahuasca o en sueños para darte su poder”, explica Joe, que era muy escéptico. “Fue un proceso largo y lento. Al principio no sabes si está funcionando. Eres de otra cultura, no te lo crees. Ricardo me preguntaba cómo me iba y yo decía que sentía algo pero no sabía describirlo. ¿Una presencia? Sí, eso era: otra conciencia cerca de tu conciencia. Después tuve unos sueños con piñón blanco –la planta maestra con la que estaba dietando–, que venía a mí como un doctor científico, y me mostraba cosas”. Joe explica que el objetivo último de estas dietas es que los maestros espirituales transmitan los cantos. “Tenía una pequeña música dentro de mi cabeza, que venía una y otra vez. Para mí fue algo sutil, para otros es más directo”. En la ceremonia con la que cerró su primera dieta, de seis meses, Joe se dejó llevar por un sonido que nunca antes había emitido: su primer icaro. “Los chamanes guían el proceso curativo mediante los icaros, cantos místico curativos que ayudan a la gente a navegar en la experiencia. Y esos cantos vienen de las plantas”.

Roque, el encargado de la “casa de la medicina”, preparando un remedio.
ceremonia
Sientes un rechazo instintivo hacia expresiones como “maestros espirituales” o “cantos místicos curativos”, pero de todas formas estás esperando que suceda algo maravilloso la noche de la primera ceremonia. En la maloca circular hay veinte colchonetas dispuestas de manera radial, contra la pared. Al lado de cada una un pequeño balde en el que vomitar, una cobija, cigarrillos mapacho y una botellita de Agua de Florida. La luz es tenue. Los pacientes, a los que ves por primera vez, son europeos o norteamericanos, mayores de treinta años, algunos van a estar en Nihue Rao una semana, otros han previsto una estancia de tres meses. Están concentrados, en silencio, con los ojos cerrados. El maestro Amaringo, con ropa shipiba, llega el último y se recuesta en su colchoneta. Tiene a su lado varias tallas en madera, de la Virgen y de Cristo iluminado. Su asistente sirve la ayahuasca. Uno a uno los pacientes se sientan frente a él, cogen el vasito con reverencia, oran unos segundos y toman. Tú haces lo mismo; el sabor es desagradable. Se apagan las luces y unos minutos después comienzan los cantos y los vómitos. A lo largo de la mareación sólo sientes un gran malestar, una náusea incesante hasta que vomitas y cagas todo. Pero has experimentado cómo los cantos del maestro se conectaban a tus entrañas para sacar la suciedad y ya no suena tan disparatado que los cantos místicos guíen el proceso curativo.
A la mañana siguiente los mismos participantes de la ceremonia ocupan los mismos lugares en la maloca para compartir su experiencia. Cuando explicas, decepcionado, tu malestar, el maestro Amaringo insiste en la importancia de la limpieza. “Cuando estamos limpios nosotros tenemos que renacer, como salir un bebé del vientre del mamá. Una vida nueva, un pensamiento nuevo”. Una de las razones por las que estás aquí es que fumas demasiada marihuana, crees que te hace mal, y lo planteas. “Si ustedes quieren consumir marihuana, hay que dietar”, responde el maestro. “Toda planta es con dieta. Cuando fumas marihuana y no dietas, te llenas de los espíritus de los muertos: los gusanos bloquean nuestro cerebro, nuestra mente, nuestra vista, nuestro cuerpo”. Una mujer está preocupada por ciertos espíritus negativos que la asustaron en la ceremonia. “Ellos son espíritus que escuchan, que entienden”, responde Amaringo. “Diles: ‘No te quiero, puedes retirarte de mi cuerpo, porque yo quiero paz, quiero luz, quiero amor. Yo quiero vida’. Poco a poco van a ir retirando. Pero tienes que hacer con una buena manera, no vale rabiando. Así vas a ir rechazando a los monstruos. Hay inmensos vampiros también, esos tienes que rechazarlos”.

Reunión en la maloca ceremonial a la mañana siguiente, donde los pacientes explican su experiencia y comparten sus inquietudes.
ESPÍRITUS Y VAMPIROS
Te extraña que Joe, con una sólida formación académica, acepte que la enfermedad es producto de monstruos y vampiros. Cuando se lo comentas, ofrece una explicación científica que te resulta razonable y compatible con la metáfora tradicional. Gracias a una paciente supo de A general theory of love, un libro que analiza el funcionamiento sistema límbico, la parte del cerebro donde se procesan las emociones, y al que están muy vinculadas las relaciones sociales, la memoria autobiográfica, la sexualidad o los sueños, “precisamente todos los asuntos que salen a relucir en una ceremonia de ayahuasca”, señala Joe. “El sistema límbico se desarrolla en gran medida durante la infancia”, continúa, “a partir de las relaciones con otras personas, especialmente nuestros padres, o las personas que nos cuidan”. En la medida en la que el niño crezca en un entorno de amor, su sistema límbico crecerá sano, en caso contrario, “el abandono y la falta de amor pueden suponer que al crecer desarrolle dificultades emocionales y trastornos en el sistema nervioso autónomo y el sistema inmune, a los que el sistema límbico está muy vinculado”.
Para todos estos problemas, según la experiencia de Joe, la ayahuasca ha demostrado ser un gran remedio: “Tenemos mucho éxito con la ansiedad, la depresión, las personas con un historial de abandono infantil, abuso sexual, de alcoholismo, problemas con drogas. También hemos tenido éxito con fibromialgia, migrañas, síndrome de fatiga crónica, y otros dolores psicosomáticos: de espalda, de rodilla. Hemos tenido una mejora enorme en un caso de esclerosis múltiple, y también con un caso de espondilitis anquilosante, dos enfermedades autoinmunes”.
Los psiquedélicos tienen gran repercusión en el sistema límbico; se cree que un órgano vinculado, la glándula pineal, podría producir dimetiltriptamina, principio activo presente en la ayahuasca y causante de las visiones. A Joe le intrigaba cómo se establece esa interacción sanadora entre la ayahuasca y el sistema límbico. ¿Por qué los maestros se refieren a su trabajo como una limpieza de las energías negativas acumuladas por la persona? ¿Había algún modelo de la medicina occidental al que pudiera traducirse esta expresión? Encontró uno: carga alostática. “Alostasis es la respuesta que damos al estrés. Si uno se estresa una y otra vez el sistema de respuesta se adapta tanto que no vuelve a su posición original y por lo tanto acaba fuera de lugar. Por ejemplo, un niño que reacciona con dolor de cabeza a las peleas de los padres, acaba por convertir ese dolor de cabeza en parte de su sistema de respuesta al estrés, y en cualquier situación de estrés responderá con dolor de cabeza, de manera mal adaptada”. Joe supo que la carga alostática se puede medir actualmente en los niveles de cortisona o adrenalina, pero pensó que debía haber otras formas en las que esos traumas quedan marcados en el cuerpo, y así llegó a la epigenética.

Un paciente ora sobre el vaso de ayahuasca, al comienzo de una ceremonia, ante la mirada de Willer, el asistente de Ricardo Amaringo.
LA EPIGENÉTICA DE LA AYAHUASCA
Joe argumenta que la información del código genético es expresada en nuestro cuerpo mediante el concurso de ciertas proteínas en las que viene empacado, y que influyen de forma determinante en cómo esa información se expresa. Pero al contrario que el ADN, inmutable en condiciones normales, estos elementos epigenéticos son alterables. “La nutrición, el estrés, la toxicidad ambiental, las relaciones familiares y sociales. La epigenética es muy sensible a todo lo que nos ocurre en el curso de nuestras vidas, y de esa forma, la expresión del código genético queda alterada en función de nuestra experiencia”. Esto explicaría que de dos hermanos proclives genéticamente a una enfermedad auto inmune, uno la desarrolle y el otro no.
Joe pone como ejemplo un estudio realizado en monos. “Las crías separadas de la mamá desarrollaban problemas emocionales y mostraban diferencias epigenéticas en el córtex prefrontal, una parte del cerebro asociada al sistema límbico”. Lo que le llevó a formular la siguiente hipótesis: “Quizás es una alteración epigenética lo que sucede en las experiencias místicas con las plantas, mediante extensas dietas y el tratamiento espiritual que dan los chamanes. Todo eso podría dar lugar a un cambio más rápido del sistema límbico y las estructuras asociadas que le permitan a la persona salir de la enfermedad”. La sanación espiritual deja entonces de parecerte una superstición, y tampoco te extraña cuando Joe, a modo de conclusión, habla de amor: “El amor es la clave. Y pienso que eso es lo que está faltando en la medicina moderna. Quieren que me considere a mí mismo como un robot y que lo que siento no es real. Dejando de lado el sentimiento de las personas dejas fuera una parte fundamental de la enfermedad”.
Los días se suceden en una monotonía exasperante. Los pacientes casi no salen de sus cabañas. Esperas con ansiedad la hora de la comida, pero te desanimas ante el plato de arroz, pescado asado, papa y ensalada. La presentación resulta apetitosa, pero no pensabas que comer sin sal iba a ser tan dura prueba. Las tres tomas de ayahuasca no han deparado visiones ni colores; se han quedado en una náusea oscura. Joe y los demás pacientes explican que mucha gente necesita semanas de tratamiento hasta que empiezan a disfrutar sus mareaciones. “Están muy sucios”. Lo entiendes, pero te sientes decepcionado, y piensas que después de esta experiencia no volverás a tomar ayahuasca nunca más.
La última ceremonia comienza con la náusea insoportable y el vómito inmediato. Te abocas a otra noche de desconcierto cuando sientes que algo se rasga en tu conciencia, y súbitamente se abre ante ti el mundo imaginable. La mareación te traslada a la infancia, te presenta a las personas que te rodearon y te influyeron, te muestra la manera en la que les tratas, la manera en la que deberías tratarles. A lo largo de tres horas recibes una lección fundamental: el convencimiento de que el amor es la respuesta. La experiencia te sacude; sabes que será un punto de inflexión en tu vida.
“La ceremonia ha terminado”, anuncia con voz solemne el maestro Amaringo. Se enciende una vela, la gente se reúne, comenta sus experiencias. Sientes una íntima conexión con las personas que hay en la sala. Y estás de acuerdo con Cvita cuando exclama jubilosa que tomar en Nihue Rao es “maravilloso, como tomar en familia”.
Una familia bien avenida.